
En el año 1060, a los veintisiete de edad, Anselmo, nacido en Aosta, ingresó en la abadía de Bec. Pasó allí los treinta mejores años de su vida, dedicado a la oración, al estudio y a la enseñanza. Tuvo allí la suerte de encontrar un maestro en la persona de Lanfranco, el defensor del misterio eucarístico contra Berengario. Tres años después Anselmo sucedió a su maestro en el priorato de su abadía, y veintisiete años más tarde, ocupará, como su maestro, la sede arzobispal de Canterbury. Murió en 1109; tenía entonces setenta y seis años. Su tranquila vida monacal y sus diecisiete trabajosos años de arzobispo, fructificaron en una serie de escritos monográficos: De grammatico, De veritate, De libero arbitrio, Monologion, Proslogion, De fide Trinitatis, De processione Spiritus Sancti, De concordia, De casu Diaboli, Cur Deus Homo, De conceptu virginali. Nos quedan además con el nombre de Anselmo, opúsculos, oraciones, meditaciones y homilías, en los que la crítica debe aún discernir lo auténtico de lo que no lo es.
NotasMaterial digitalizado en SEDICI en colaboración con la Biblioteca de Humanidades "Prof. Guillermo Obiols" (FAHCE-UNLP)
MINISTERIO DE EDUCACION UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN - INSTITUTO DE FILOSOFÍA

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